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El Washington de Strauss-Kahn

La detención el pasado sábado del director del Fondo Monetario Internacional (FMI), Dominique Strauss-Kahn, ha caído como una bomba incendiaria en Washington, la ciudad donde se encuentra la sede de este organismo financiero.

Y ha sorprendido tanto a los expatriados como a los washingtonianos, ya que muchos de sus vecinos no habían oído hablar jamas de él hasta que el pasado sábado fue detenido en Nueva York acusado de intento de violación y secuestro de una empleada de la limpieza del hotel Sofitel.

Curiosamente, la revista local “Washingtonian planeaba dedicar la portada del número de junio a Strauss-Kahn para presentar a los washingtonianos a su desconocido vecino: “el hombre invisible” que podía convertirse en el próximo presidente de Francia. Sin embargo, la noticia de su detención no sólo ha truncado sus aspiraciones políticas, sino que DSK, como se le conoce en Francia, podría acabar su vida en la cárcel si es encontrado culpable de los cargos que se le imputan.

Pero ¿cómo ha sido la vida de Strauss-Kahn desde que llegó hace tres años y medio a Washington? Al parecer, según cuenta la prensa local, el político francés llevaba una vida muy discreta en la capital federal, donde la gente de los organismos internacionales (FMI, Banco Mundial, Banco Interamericano de Desarrollo, etc) no suele mezclarse con los congresistas y senadores estadounidenses.

“El anonimato es un lujo refrescante”, dijo Dominique Strauss-Kahn a la revista Paris Match después de mudarse a Washington.

El político socialista francés, cuyo nombre sonaba como favorito para las elecciones presidenciales francesas, vivía junto a su esposa, la periodista Anne Sinclair, en una casa de ladrillo rojo de Georgetown, valorada en 4 millones de dólares, cerca de Rock Creek Park. A Sinclair, nieta de un famoso marchante de arte neoyorquino, le gusta vivir en Georgetown “porque está cerca de todo”, según explicó a la revista Le Figaro.

A los europeos que vienen a vivir a Washington les encanta el pijo Georgetown, con sus coquetas casitas inglesas. Lo malo de este barrio es que las casas suelen ser pequeñas, no tiene metro y es muy difícil encontrar parking. A nosotros nos hubiera encantado vivir en Georgetown, pero lo descartamos en seguida, no sólo por las razones que he enumerado anteriormente, sino por los altos precios de los alquileres y el poco espacio. Pero imagino que Strauss-Kahn no tendría estos inconvenientes, porque debería moverse por Washington siempre en coche oficial y no creo que tuviera problemas de espacio en su casa de 4 millones de dólares.

A Strauss-Kahn, un claro exponente de la llamada “izquierda caviar”,  y a su mujer te lo podrías encontrar en la cola del supermercado Whole Foods de Georgetown sin que nadie se percatara de quien era ese hombre de pelo blanco. También se lo podía encontrar uno comiendo en el restaurante italiano Café Milano de Georgetown, disfrutando de un buen steak en Morton’s y si tenía morriña de la comida francesa iba a Bistro Lepic y Bistro Francais, según precisaba el artículo de la revista Washingtonian.

Por lo visto a la familia Strauss-Kahn también le gustaba hacer barbacoas en el patio de su casa. Y habían visitado la bahía de Chesapeake y al parque nacional de Shenandoah.

Antes de su llegada a Washington, DSK pensaba que la capital federal era “una ciudad muy provinciana” y se sorprendió al descubrir que había “una vida cultural muy rica” y un lugar de encuentro de gente de todo el mundo. Antes de instalarse, la pareja descubrió la vida dentro del Beltway, sinónimo de los límites de DC,  gracias a la serie “El Ala Oeste de la Casa Blanca“, de la que se proclamaban fans.

La casa de Strauss-Kahn en Washington

Strauss-Kahn custodiado por la policía neoyorquina

El Café Milano de Georgetown