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Washington es sexy

¿Quién había dicho que Washington era una ciudad aburrida y llena de funcionarios grises?

Washington es sexy. ¿Lo dudáis? Qué se lo pregunten si no a los guionistas de las series de televisión de más éxito en los últimos años.

Nueva York puede tener “Sexo en Nueva York” y “Girls” pero Washington tiene “El Ala Oeste de la Casa Blanca”, “Commander in Chief”, “Veep”,  “Scandal”, “1600 Penn”, “Political animals”, “The Americans”, “House of Cards” y “Homeland”. Todas estas series tienen como escenario la capital de los Estados Unidos.

Durante la administración Bush, muchos soñaban con tener en la Casa Blanca a Josiah Bartlet, el ficticio presidente demócrata de los Estados Unidos que interpretaba el actor Martin Sheen en la serie de “El Ala Oeste de la Casa Blanca”. Bartlet era un presidente idealista y bueno, que recordaba a Jefferson Smith (James Stewart), el protagonista de “Mr. Smith goes to Washington” (El señor Smith va a Washington o Caballero sin espada, 1939), la película de Frank Capra.

Sin embargo, el Washington que describen series como “Veep”, la aclamada “House of Cards”, “Homeland” y “The Americans” es un Washington más cínico, cercano a la turbia capital que retrataron películas como “Advise and Consent” (Tempestad sobre Washington, 1962) y “The Manchurian Candidate” (El mensajero del miedo, 1962).

Este Washington está dominado por políticos corruptos, manipuladores y sedientos de poder; periodistas sin ética profesional capaces de cualquier cosa con tal de conseguir una exclusiva; una agente de la CIA desequilibrada; un senador-héroe de guerra que trabaja para Al Qaeda y una pareja de agentes encubiertos de la KGB que han pasado los últimos años fingiendo ser la típica familia americana. Y nadie encarna mejor este Washington oscuro que Frank Underwood (Kevin Spacey), el protagonista de “House of Cards”.

En el Washington que retratan estas series no te puedes fiar de nadie si no quieres que te claven un puñal por la espalda. Nadie es lo que parece y todos son malos malísimos. Ya lo dijo el presidente Truman, “si quieres un amigo en Washington, consigue un perro”.

 

 

 

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