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Un pequeño paso para los niños, un gran paso para los padres

Por fin. Mi hija empezó hoy “kindergarten” (el equivalente a segundo curso de preescolar en España) en un colegio público de Maryland. Mi economía familiar lo agradecerá porque, como bromeamos con mis amigas españolas que viven en DC, que vayan los niños a la guardería en Estados Unidos sale más caro que llevarlos a Harvard.

En Estados Unidos, la enseñanza obligatoria comienza a los cinco años. A partir de esa edad está garantizada la enseñanza pública gratuita. Hasta entonces, los niños tienen que ir a la guardería, la gran mayoría de ellas, privadas.

En algunos estados y en Washington, DC, hay clases de pre-K (pre-kindergarten) en los colegios públicos para los niños de cuatro años. Pero en la mayoría de colegios públicos, la enseñanza pública obligatoria comienza a los cinco años.

En Maryland los niños no pueden ir al colegio público hasta que tengan 5 años cumplidos. Si el 1 de septiembre no tiene cinco años, deben esperar hasta el curso que viene para poder ir. Lo que le ha pasado a mi hija. Como nació en noviembre, ha tenido que esperar hasta el curso 2012-2013 para poder ir, mientras que otros compañeros suyos de la guardería comenzaron en septiembre de 2011.

Los padres estadounidenses le dan mucha importancia al hecho de que los niños vayan a kindergarten. Están más nerviosos que ellos. Y están muy preocupados (obsesionados, debería ser la palabra) por si sus hijos van o no a estar preparados para kindergarten. Un pequeño paso para los niños, se convierte en un gran paso para los padres. Imagino que porque se ha acabado una etapa y han dejado de ser niños pequeños.

La profesora de mi hija nos explicó que cuando los niños llegan a “kindergarten” hay muchas diferencias entre unos y otros.  Hay niños que van directamente de casa al colegio sin pasar por la guardería, por lo que les cuesta adaptarse a un nuevo mundo con un horario y lleno de normas. Otros, como hija, han pasado por la guardería y ya están acostumbrados a la rutina de la clase. Algunos cuando llegan a “kindergarten” no saben ni el abecedario, en cambio, otros saben leer perfectamente. Así que el objetivo de este curso de preescolar es ponerles a todos, más o menos, al mismo nivel para cuando tengan que ir a primero.

Las clases de la escuela elemental comienzan a las 8:45 de la mañana y terminan a las 3 de la tarde. En algunos colegios existen programas de “after-school care” a los que los niños se pueden apuntar. En la escuela en la que va mi hija pueden quedarse hasta las 6:30, lo que está muy bien para los padres que trabajamos.

Antes de empezar el curso escolar nos enviaron varias cartas y hemos tenido dos reuniones de padres explicándonos como funcionaba todo. Las dos veces que hemos ido (en abril y en agosto), los niños han tenido ocasión de visitar su clase. Y, en la última visita (el viernes antes de que empezara el colegio), han podido conocer a su profesora y a algunos de sus compañeros. Lo que está bastante bien porque es una forma de romper el hielo para los más pequeños.

De momento, no hemos tenido que comprar ningún libro.

Esta es la lista de cosas que hemos tenido que comprar para que lo lleven a clase el primer día y que les servirá para todo el curso escolar:

– dos cajas de pinturas Crayola (48 unidades)

– 10 barras de pegamento

– 24 lapiceros

– un cuaderno de espiral

– una carpeta roja

– dos carpetas amarillas

– dos cuadernos para hacer caligrafía

– dos cuadernos para hacer redacciones y

– tres borradores.

 

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