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Domingo con el soldado Manning

El pasado domingo, Público, el periódico en el que colaboro, me envió al Fuerte Meade (Maryland) a cubrir la vista previa que deberá determinar si el soldado Bradley Manning es juzgado o no por una Corte Marcial por “ayudar al enemigo”. Aquí podéis encontrar un link al artículo que publiqué en el periódico.

Por si no os acordáis, Manning es el soldado acusado de sustraer y filtrar a Wikileaks 260.000 cables diplomáticos y más de 90.000 informes de inteligencia sobre las guerras de Afganistán y de Irak. También le acusan de filtrar un vídeo, en el que se puede ver a  un helicóptero militar estadounidense matando a un grupo de civiles en Irak. Wikileaks lo publicó con el título de Asesinato colateral”.

Era la primera vez que acudía a lo que en el argot militar de EEUU se conoce como “vista del artículo 32”. Y fue bastante interesante. Cuando trabajaba en Bruselas estuve cubriendo el juicio de las monjas genocidas de Ruanda, pero era mi primer contacto con el derecho militar.  Lo más probable es que mañana el oficial de la investigación decida si hay o no pruebas suficientes para que el caso sea juzgado por un tribunal militar, así que estad atentos.

El domingo me tuve que levantar a las cinco de la mañana porque había que estar en el Fuerte Meade entre las 6:30 y 7:30 de la mañana (qué manía tienen los militares con madrugar tanto) y no quería llegar tarde. En la entrada nos pedían la documentación, los papeles del coche y unos perros olfateaban el vehículo por si llevabas explosivos. Después los militares nos escoltaban en caravana hasta la sala de prensa, desde donde se podía seguir la audiencia a través de una pantalla gigante de televisión. No estaba permitido llevar móviles (tenías que dejarlo en el coche) y en teoría desconectaban internet cuando la sesión estaba en marcha, aunque yo estuve conectada en todo momento.

Si lo querías también podías entrar en la sala donde estaba teniendo la vista previa, pero no podías llevar ni teléfono ni grabadora ni ordenador portátil. Los militares te escoltaban en todo momento, tenías que pasar por un detector de metales y registraban minuciosamente tus pertenencias antes de dejarte pasar.

Una de las cosas que más me sorprendió de Manning, que el sábado cumplió 24 años, es lo bajito que es y lo joven que parece. Tiene cara de no haber roto un plato, pero el Gobierno de Estados Unidos le acusa de alta traición por filtrar los papeles de Wikileaks. Iba vestido con uniforme militar, llevaba el pelo corto y gafas de pasta. Cogía apuntes todo el rato y, de vez en cuando, consultaba con su abogado.

La distribución de la sala es muy parecida a la de un juicio civil con las mesas de la defensa y la fiscalía, el banquillo de los testigos y el sillón que ocupa el oficial de la responsable de la investigación.  Los testigos testifican durante el proceso,  ya sea directamente en la sala o por teléfono. Y antes juran con la mano en alto que dirán la verdad y toda la verdad con la ayuda de Dios.

En la sala, no estaba permitido hablar con Manning ni con el equipo de la defensa ni de la fiscalía, pero pude hablar con un dibujante de tribunales que estaba cubriendo el juicio y con un par de activistas que estaban en el Fuerte Meade para apoyar a Manning. Entre ellos, estaba la profesora universitaria y activista Patricia Molloy, que viajó desde Toronto para participar en la manifestación de apoyo a Manning que tuvo lugar el sábado a las puertas de esta base militar.

Esta profesora universitaria considera a Manning “un héroe, si hay hecho lo que dicen que ha hecho. Simplemente dio al público información sobre víctimas civiles y crímenes de guerra. La gente tenía que saberlo”, añadió Molloy, que cree que la fiscalía tendrá dificultades a la hora de demostrar durante el juicio que Manning filtró los documentos y el vídeo a Wikileaks porque cualquiera podía haber utilizado su ordenador.

Esta activista canadiense ve similitudes entre Wikileaks y el caso de Daniel Ellsberg, responsable de que saliera a la luz en 1971 los Papeles del Pentágono sobre la Guerra de Vietnam. Molloy cree que Manning es simplemente “un chivo expiatorio” porque “el gobierno estadounidense no quiere que salga a la luz la verdad sobre las guerras de Afganistán y de Irak”.

 

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