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Parir en el extranjero

La semana pasada una de mis mejores amigas dio a luz a una niña preciosa en el hospital Sibley de Washington. Y se me ha ocurrido escribir un post sobre cómo es parir en el extranjero. Al fin y al cabo tengo experiencia. Mi primera hija nació en Berlín y el segundo en Nueva York. Y casi todas las amigas españolas que tengo en Washington han tenido sus hijos en Estados Unidos (en total sumamos seis niños washingtonianos, uno neoyorquino, una madrileña, una berlinesa y dos virginianos).

Parir en el extranjero es igual que parir en casa, al final y cabo cuando tienes que empujar tienes que empujar y para eso no te hace falta saber idiomas. Sólo si necesitas pedir la epidural.

Pero siempre tiene más dificultades a la hora de comunicarte en un idioma que no es el tuyo, sobre todo si no controlas los términos médicos. Por eso cuando yo estaba embarazada, tanto en Alemania como aquí, estuve leyendo libros sobre el embarazo y la maternidad en el idioma del país en el que estaba para ir familiarizándome con los términos en alemán y en inglés y no quedarme a cuadros sin saber de que me estaban hablando cuando me explicaba algo la ginecóloga, los médicos en el hospital o el pediatra.

En Alemania me hicieron muchas más pruebas y ecografías durante el embarazo que en Estados Unidos, imagino que porque aquí como el seguro médico es privado (y mucha gente no tiene seguro médico) te mandan menos pruebas que en la sanidad pública alemana. En Alemania estuve durante el embarazo mucho más controlada.

Siempre digo que si en Alemania un niño nace con el pan debajo del brazo (el gobierno te da ayudas cuando nacen), en Estados Unidos nace con una factura debajo del brazo (si no tienes seguro médico o tu seguro médico no es bueno, el parto y la hospitalización te puede salir por más de 20.000 dólares, eso si no tienes ninguna complicación).

La experiencia en el hospital alemán y en el americano, no fue muy distinta. Al fin y la cabo, Alemania y Estados Unidos son los dos países más avanzados del mundo desde el punto de vista médico.

En Alemania, di a luz en el hospital de la Charité (situado en el Berlín oriental y que había sido el gran hospital de la Alemania comunista). La habitación en la que estaba era compartida con tres o cuatro madres más. La mayoría de las parturientas en Berlín eran extranjeras, sobre todo turcas.

Me sorprendió que a las pocas alemanas que había en la maternidad a penas les iban a visitar la familia, en cambio a las extranjeras les iban a visitar un montón de familiares y amigos. Muchas alemanas prefieren que no les visiten porque consideran que es un momento en el que deben estar juntos la pareja con el recién nacido y que ya tendrán tiempo de visitas. En cambio, mis padres y mi hermana llegaron directamente del aeropuerto al hospital con las maletas sin pasar por casa (no había nadie allí para abrirles la puerta). Mi habitación era un desfile continuo de visitas. Y eso que casi toda mi familia estaba en España, que sino…no quiere ni imaginar la de gente que habría venido si hubiera dado luz en España.

En el hospital alemán había una sala común con un cambiador con calefactor donde podías cambiar al niño y te daban ropa y pañales gratis. Además te regalaban un saco de dormir para el niño con el nombre del hospital porque decían que  era muy peligroso que los bebés durmieran tapados con sábanas y mantas porque se podían ahogar.

En el hospital de Nueva York (mi hijo nació en el hospital St Luke’s-Roosevelt de Manhattan) también había muchas parturientas extranjeras, sobre todo hispanas. Aquí no te daban nada gratis.  A los niños los envuelven en un trapo, poco favorecedor,  que parece un trapo de cocina. Tienen una forma curiosa de envolverlos para que no se destapen y estén calentitos e imagino que también para evitar que se arañen la cara, ya que impide que los niños muevan los brazos.

Otra gran diferencia es la baja de maternidad. A diferencia de Europa, donde por ley hay un periodo de baja de maternidad pagado (en España, 16 semanas, y en Alemania, 14 semanas), en Estados Unidos la baja de maternidad depende de la empresa. Así que si una mujer tiene miedo de perder su puesto de trabajo, a la semana ya puede estar de nuevo trabajando. Yo, que trabajaba por aquel entonces para la filial de una empresa española, tuve seis semanas de baja de maternidad. Todo un lujo en Estados Unidos.

 

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