Curiosidades Historia Nueva York Uncategorized Virginia

Terremoto en DC

DC rocks. Al menos está tarde lo ha hecho. Un terremoto de magnitud 5,8 en la escala Richter ha sacudido la costa este de Estados Unidos.  El epicentro estaba en el estado de Virginia, a 140 kilómetros de Washington. El terremoto se ha sentido desde Carolina del Sur hasta Canadá.

Los que vivimos en  la costa este nos hemos llevado un buen susto porque en esta zona no suelen haber terremotos, pues es más habitual que los haya en la costa oeste.  Por suerte no ha habido que lamentar ni heridos ni daños materiales considerables.

Cuando ocurrió el terremoto Marc y yo estábamos escribiendo para nuestros respectivos periódicos la crónica sobre la decisión de un juez de Nueva York de desestimar los cargos presentados contra el ex director del Fondo Monetario Internacional (FMI), Dominique Strauss-Kahn, por intento de violación de una empleada de la limpieza de un hotel de Nueva York. De repente el suelo comenzó a temblar y tuvimos que dejar las crónicas a medias.

Salimos corriendo por la casa para comprobar que los niños estaban bien. Estaban en la sala de juegos. Menos mal que esta semana estaban de vacaciones porque no hubiéramos estado tranquilos hasta que hubiéramos ido a recogerles a la guardería. Mi hija mayor, de cuatro años y medio, estaba asustada, pero el pequeño, que tiene dos años y medio y es un terremoto, no. No sé si se enteró bien de lo que había pasado.

Después del terremoto y ante el temor de que hubiera nuevas réplicas, cogimos a los niños (a los pobres les bajamos descalzos con las prisas y el pequeño iba en pañales) y decidimos bajar por las escaleras (17 pisos con ellos en brazos) a la calle. No nos sentíamos muy seguros en el piso 17.

La mayoría de las personas que viven en nuestro edificio se quedaron dentro. Los que bajamos a la calle comentábamos donde estábamos cuando ocurrió el terremoto y el susto que nos habíamos dado con el temblor. Era el primer terremoto de nuestras vidas.

Marc volvió a casa a buscar los ordenadores y mi móvil, que con las prisas me lo había olvidado en casa. Por el camino, se encontró con nuestra vecina y le contó que ni su marido ni ella se habían enterado que había habido un terremoto. Más tarde subí yo para coger algo de comer para los niños y para nosotros.

Al final pudimos acabar las crónicas de Strauss-Kahn tranquilamente en la salón común que hay en la planta baja de nuestro edificio y nos tocó también escribir otra noticia del terremoto. Gajes del oficio.

P.D. En mi edificio han distribuido una hoja con recomendaciones de FEMA sobre qué hacer en caso de que haya otro terremoto.