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Si quieres tener un amigo en Washington, consigue una piscina

“Si quieres tener un amigo en Washington, consigue un perro”, decía el presidente Harry S. Truman. El 33 presidente de Estados Unidos se refería a que Washington es una ciudad dura donde es difícil hacer amigos, por lo que recomendaba comprarse un perro si querías tener un verdadero amigo en la capital federal.

Creo que con la ola de calor que está haciendo estos días en Washington, habría que modificar la frase de Truman: “Si quieres tener un amigo en Washington, consigue una piscina”.

Esta semana hace un calor insoportable en DC por lo que si tienes piscina, te salen muchos amigos.

Lo digo por experiencia. En el edificio de apartamentos en el que vivo tenemos piscina y varios amigos míos ya me han dicho que se abonan este verano a la piscina. Y no me quejo. Al contrario, estamos encantados de que vengan los amigos a darse una bañito.

Pero no me extraña que la gente ande como loca buscando una piscina. Hace 33 grados centígrados de máxima, con un 77 por ciento de humedad, por lo que la sensación térmica es de más de 35 grados centígrados. Y eso que estamos sólo a principios de junio. No me quiero ni imaginar el calor que puede hacer este verano.

En Madrid, mi ciudad natal, hace mucho calor en verano, pero al menos es un calor seco. Aquí en Washington al calor se une la humedad, por lo que a veces es insoportable porque parece que hace mucho más calor de lo que realmente hace.

Los estadounidenses responden poniendo el aire acondicionado a tope, así que si entras en una tienda, vas a un restaurante o al cine, te congelas. Es recomendable llevarse una chaqueta si no quieres pasarlo mal.

Con los años ya me he acostumbrado un poco al aire acondicionado tan fuerte. Pero recuerdo cuando nos fuimos hace cuatro años a vivir Nueva York, al principio lo pasaba fatal en los centros comerciales, en las tiendas y en los restaurantes porque los americanos se pasan cuatro pueblos con el aire acondicionado.  Recuerdo que fuimos una vez al teatro en verano en Manhattan y no lograba concentrarme en la obra de lo mal que lo estaba pasando por el frío.  Y en la biblioteca del Lincoln Center no podía teclear en el ordenador porque tenía los dedos congelados.

Así que a partir de mayo y durante todo el verano te encuentras en Washington a un montón de gente resfriada y con anginas, de los cambios tan bruscos de temperatura que hay. Pasas del horno al congelador en un momento.