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Washington de cine: Camino a la guerra

Siguiendo el consejo del escritor español Javier Marías en El País Semanal, alquilamos el telefilme “Camino a la guerra” (Path to War) del director John Frankenheimer.

Los diálogos de la película de Frankenheimer no me parecieron tan buenos como los de la serie El Ala Oeste de la Casa Blanca (West Wing) a la hora de retratar lo que ocurre en las bambelinas de la Casa Blanca, aunque me sirvió para conocer más a fondo a Lyndon B. Johnson (Michael Gambon), un presidente ensombrecido por las figuras de Kennedy y Nixon, que lo precedieron y lo sucedieron respectivamente en el cargo.

Johnson llegó a la presidencia por “accidente” tras el asesinato de Kennedy en 1963. Un año después ganó las elecciones con el 61 por ciento de los votos. El fuerte apoyo en las urnas le sirvió para poner en marcha una serie de reformas sociales con el objetivo de “construir una gran sociedad, un lugar un donde el significado de la vida del hombre corresponda con las maravillas del trabajo del hombre”. Entre las reformas que puso en marcha y que todavía perviven destacan Medicare (sanidad pública para los ancianos) y Medicaid (sanidad pública para los pobres), ayudas federales para la educación y la construcción de viviendas de bajo coste para los más pobres.

La película, sin embargo, se centra en la escalada en la guerra de Vietnam ordenada por el demócrata Johnson, siguiendo el consejo de su Secretario de Defensa, Robert McNamara (Alec Baldwin), y no haciendo caso del consejo de amigos como Clark Clifford (Donald Sutherland). Johnson se encuentra entre la espada y la pared, quiere acabar la guerra contra los comunistas pero no quiere dar su brazo a torcer. Finalmente, Johnson, debilitado políticamente por una guerra impopular, decidió no presentarse a la reelección para ser el candidato demócrata para las elecciones de 1968.

Si se cambia el nombre de Johnson por Obama y el de Vietnam por Afganistán, se puede ver analogías entre ambos conflictos, heredados de sus antecesores y sin un final a la vista. La diferencia es que en Vietnam hubo 58.000 muertos y en Afganistán ha habido hasta ahora 1.300. El coste político y social no es tan alto.