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El leproso del Capitolio

En mi última visita al Capitolio me llamó la atención la estatua del misionario belga San Damián de Molokai (1840-1889), nacido Josef de Veuster y más conocido como Padre Damián.

Este misionero católico belga de la Congregación de los Sagrados Corazones, canonizado por el Papa Benedicto XVI en octubre de 2009, dedicó su vida al cuidado de los leprosos de Molakai (Hawai). Les ofrecía consuelo espiritual, vendaba sus úlceras, les ayudaba a construir sus cabañas, cavaba sus tumbas y fabricaba sus ataúdes.

Después de doce años trabajando con leprosos, el Padre Damián descubrió en diciembre de 1884 que tenía los primeros síntomas de la enfermedad. En 1888, el padre Damián se quedó inválido y murió en 1889 de lepra, tras haber prestado durante 16 años servicios a los leprosos de Molakai.

La estatua de bronce del Padre Damián, obra de la artista neoyorquina Marisol Escobar, forma parte de la National Statuary Hall Collection del Capitolio, una colección en la que cada uno de los 50 estados honra a dos personajes históricos con estatuas de tamaño natural.

La estatua del Padre Damián es una de las dos estatuas que representa a Hawai, junto a la del rey Kamehameha I. La estatua fue inaugurada en la Rotonda del Capitolio en abril de 1969, 80 años después de su muerte.

A la hora de realizar la escultura, Marisol Escolar se basó en una fotografía realizada en los últimos días de vida del Padre Damián, en la que ha aparece con el gorro de misionero, el brazo en cabestrillo y el rostro destrozado por la lepra. En la mano derecha, sostiene un bastón.

La estatua llama la atención porque parece que el Padre Damián sea muy gordo, aunque si te fijas parece que está metido dentro de una caja. Marisol Escobar suele hacer esculturas en las que el cuerpo es reducido a un bloque de madera, del que sobresalen la cabeza, los pies y los brazos.

Cuando se descubrió la estatua, a muchos no les gustó que la artista hubiera representando al misionero con la cara llena de úlceras por la lepra. Sin embargo, creo que fue una manera acertada de hacerlo porque refleja muy bien la dedicación de este misionero belga a los leprosos sin importarle contagiarse él mismo.