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Contando calorías

Desde hace poco más de un año, el ayuntamiento de Nueva York obliga a las cadenas de restaurantes a indicar, junto al precio de las bebidas y alimentos que ofrecen, las calorías que contienen. De este modo, los neoyorquinos son más conscientes de lo que están comiendo. 

El objetivo es luchar contra la obesidad y la diabetes. Los responsables aseguran que las etiquetas de calorías permitirán reducir el número de obesos neoyorquinos en 150.000 en los próximos cinco años y prevenir 30.000 casos de diabetes. 

En Nueva York el 54 por ciento de los adultos tiene sobrepeso o está obeso, según una encuesta de salud realizada en 2005. 

He comprobado que las etiquetas de calorías logran su objetivo: que el consumidor elija comidas más saludables.

El otro día, por ejemplo, fui al Starbuck’s, hacía calor y pensé en comprarme un “Double Chocolaty Chip Frappuccino Blended Crème” de tamaño pequeño pero me fijé en el cartel de las calorías (380 calorías) y no me lo compré. ¿Sabéis lo que cuesta bajar en el gimnasio las 380 calorías del Frappuccino de chocolate pequeño o las 510 calorías del mediano? Así que al final opté por un café espresso: el espresso simple tiene 5 calorías y el doble 10 calorías. 

A veces, te llevas sorpresas. Alimentos que te parecen en un principio más saludables, resulta que luego tienen más calorías que otros que parecían menos.  Por ejemplo, en McDonald’s una “Premium Southwest Salad with Crispy Chicken” sin salsa tiene 430 calorías y una hamburguesa con queso 300 calorías.